miércoles, 2 de junio de 2010

José Manuel Catalán Alonso


Hola Mª José.

Enhorabuena por tu iniciativa y seguido contesto a tus preguntas.

Exalumno-a: José Manuel Catalán Alonso

1. ¿Dime cuántos años estuviste en el instituto y cúal fue el primero?.

Hice FPII rama química. Cursé cinco años y el primero fue en 1986. Entré en octubre de 1986 y finalicé los estudios en 1991.

2. ¿Puedes decirme el nombre de compañeros de Alfaro y otros tantos de otra ciudad?.

Me acuerdo que el primer año comenzamos 20-25 alumnos y terminamos sólo 5 en 1991. Recuerdo con mucho cariño a Juan Navajas, Ángel Jiménez (que le costaba pasar el test de Cooper, jejeje), Vicente Cordón, los tres de Alfaro y además me acuerdo de Juan Baustista Gárate de Arguedas y Pedro Antonio Lalinde de Cabretón.

3. ¿Recuerdas alguna anécdota en clase tuya o de tus compañeros?.

Son muchas, pero me acuerdo por ejemplo de un profesor de Oviedo (le llamábamos junquera) que nos dió un año clase y marchó. De vez en cuando ahuecaba el culo del sillón para sacar sus ventosidades y se pensaba que no nos dábamos cuenta, que jodido.

4. ¿Podrías decir el nombre de algún profesor-ra que te dió clase?.

Bueno, la verdad es que me acuerdo de todos: Pero por citar a algunos, Antonio Castillo y Pedro Ruiz (ambos ya jubilados), Mª José Martínez que me dió educación física los cinco años, Sebastián Urquía (transmitía una paz interna y externa increible).

5. ¿Puedes recordar algún profesor que te motivó por algo en especial?.

Sí. Por ejemplo:

. Sebastián Urquía porque era increible como podía tener esa serenidad, tranquilidad y espiritualidad las 24 horas al día, los 365 días al año.
. Me acuerdo también de una profesora forastera de matemáticas en 4º, aunque no recuerdo su nombre y que nos daba clases particulares gratis en su casa el día anterior al examen y nunca quería darnos pistas sobre las preguntas.

6. ¿Puedes recordar alguna excursión u otra actividad (teatro, semana cultural,) con tus compañeros y qué vivencias te dejó?.

Sí, por ejemplo:

- La ginkana por Alfaro que hicimos en 4º. Fue una diversión constante durante todo el día.
- El viaje de estudios a las Islas Canarias.

7. ¿Qué recuerdas del edificio?. Campo de prácticas, biblioteca, capilla, cantina, gimnasio....

Me acuerdo mucho de los laboratorios de química, eran antiguos y parecían los típicos laboratorios de la universidad del siglo XIX. La cantina regentada por Pedro Varea, la conserjería con Manolo Ochoa y un montón de cosas más.


Cuídate y un abrazo.

Manolo Catalán

miércoles, 12 de mayo de 2010

Susa Cuartero Lapeña

Estuve cuatro años, desde 1976 a 1977 Quiero recordar a todos mis compañeros pero es difícil, pues ya han pasado algunos años.A los que sigo viendo y relaciono son: Charo Antón , Javier Velaza, Jorge Gallego, Alberto Catalán, Caty Sesma, José A Segura, J.A Tomás, Any, Juani Fernandez, Alfredo Sanchez, Mª Angeles Randez,,Arancha Vallejo, Chus Lacruz, Joaquina Prusen, Javier Sesma, Carmelo, José Del Río, Cepeda, Chemi, Macarena, Viky, Jesús Perez, Vicente Ruiz. De los profesores que nos dieron clase en los diferente cursos recuerdo aunque sin apellidos de algunos a los siguientes: Don Javier que nos impartió clases de biología Doña Pilar Navas que nos dio matemáticas Doña Gertrudis Lafuente también de biología en otro curso Pilar Santamaría en Lengua y Literatura Doña Petra o como le gustaba que le llamaran Petrita que impartía Literatura Iñaki Zurutuza el “duro” de matemáticas Raúl Tejada con el laboratorio y la Química Doña Concepción Diez Taboada cariñosamente llamada “La Chity” de Física y Química Don Antonio Sanz el profesor de dibujo y diseño Don Antonino Burgos que nos daba Geografía e Historia Fernando Ferrero con sus peculiares clases de Lengua y Literatura Mª José Martínez que daba Educación Física a la que llamábamos “Gimnasia” De todos algo queda de dichos y hechos pero me acuerdo especialmente de dos profesores de Biología, tanto Gertrudis como D.Javier, transmitían pasión por la biología y aunque no he seguido por esa línea, siempre los tengo como referentes de buenos profesores. Excursiones seguro que hubo y actividades aunque no recuerdo exactamente cuales, habría. Lo que sí se que hicieron una función de teatro un grupo de un curso menos y me acuerdo que me encanto. No recuerdo el titulo de la obra. En general mi recuerdo del instituto es bueno porque aunque también pasamos malos ratos, allí tenemos los mejores recuerdos de juventud. Recuerdo la cantina como un lugar de reunión, sobre todo con los chicos y las chicas de los pueblos. Campo de prácticas, biblioteca, capilla, cantina, gimnasio.... El gimnasio, creo que entonces estaba algo “flojo”, Recuerdo muy bien los laboratorios y sobre todo la ilusión que nos hacía, o por lo menos a mí, cuando tocaba ir para hacer alguna práctica. No se si esto será suficiente, pero espero que sea de ayuda para lo que quieras hacer. Saludos. Susa

lunes, 10 de mayo de 2010

Mario Martinez Martinez


7 de Mayo de 2010

Mario Martínez Martínez

Recuerdos de Instituto

Para María José Martínez Landa

Aquí te dejo mis recuerdos del Instituto, y voy a procurar ser ante todo sincero.
Decir en primer término que a diferencia de la mayoría de los textos de ex alumnos que voy leyendo, mis memorias del Centro, que por aquel entonces (1962) era un Instituto Laboral, no son demasiado gratas.
Quizá sea debido a que esos estudios, a nivel profesional me sirvieron de poco, al contrario que a otros muchos, a mí no me proporcionaron una continuidad universitaria ni un buen puesto de trabajo (aunque sí me viniese bien a nivel personal, eso seguro). O quizá también fuese la culpa de la escasez de medios económicos que hacía que la compra del material indispensable supusiese en ocasiones un escollo difícil de salvar a pesar de la buena voluntad de mis progenitores.
Todo esto y alguna cosa más, como ser uno del montón, aunque no llegase a repetir ningún curso (hubiese tenido que repetir cuarto, pero abandoné), hace que la experiencia de mi paso por el centro fuese más bien agridulce. De todas formas y aunque lo poco amable la memoria procura olvidarlo, algo siempre queda, sea malo o menos malo.



Estuve en el Instituto Laboral cuatro años (eran, creo, cinco años y Reválida, por aquel entonces). El primero lo hice en la Abadía, acondicionada para Instituto hasta que se construyó el centro de la Florida. Recuerdo, además de las clases de altas techumbres, la gimnasia en su patio, donde también éramos aleccionados con canciones patrióticas, los escalones para subir a las clases y para bajar también a los talleres y laboratorios, y la buena camaradería existente entre los chicos, chavales de diez años llenos de vigor que empezaban a descubrir la vida.
De ese primer año conservo el recuerdo de la trágica muerte de Don José María, Director del Centro por aquél entonces. Era un buen profesor y un trabajador incansable. Su suicidio nos conmocionó a todos. Estaba casado con una mujer de exuberante belleza y él no era precisamente un dechado de ella, las malas lenguas hablaron de una infidelidad matrimonial, pero nunca se supo a ciencia cierta.
Aquél día nos reunieron a todos los cursos en el patio, nos explicaron lo sucedido y nos llevaron al entierro, fue tema de conversación durante meses.
Poco tiempo después, en el curso siguiente bajamos a la Florida, al nuevo Centro que él había promovido para el pueblo de Alfaro.
Allí comencé mi segundo curso. Al ser todo nuevo era un verdadero lujo comparado con la Abadía, los talleres (carpintería, mecánica y electricidad), el laboratorio, eran lugares amplios y luminosos, el terreno de cultivo ubicado en su parte trasera (Campo de prácticas), era enorme y también los edificios que lo circundaban.
La gimnasia, que era impartida al alimón por Don Emilio Bustamante (que también impartía Formación del Espíritu Nacional) y por Don José Luís, se hacía en el campo de deportes de la Florida y consistía en varias tablas de gimnasia y consiguiente partido de fútbol (éste no debía de faltar). Las clases también eran luminosas y acogedoras.



Entre mis compañeros hubo de todo. Chicos como yo que llegábamos a la media con apuros, chicos que sobresalían en todo, otros que lo hacían sólo en algunas cosas y aquellos que eran verdaderas nulidades y pasaban las clases dando guerra y deseando ser expulsados al pasillo.
Sin ubicarlos en el mismo orden anterior, recuerdo a Rafael Casas, Constantino Ovejas,
Carlos Vicente, J. María Cordón, y algunos más, todos alfareños.
Entre los forasteros, a los hermanos Cárcar, a Marrodán, Vicente Fernández, Iñigo (no recuerdo el apellido) y a bastantes más de los que tengo presentes sus rostros pero sus nombres se me escapan.



Una de las cosas que no se me olvidan y que da fe de las ganas de estudiar que algunos de estos forasteros tenían, era la forma en que se trasladaban desde sus lugares de origen (Corella, la Aldea, Rincón) hasta Alfaro. Lo hacían en bicicleta. Fuese invierno o verano cogían su “bici” y la mochila de los libros a la espalda y se presentaban a las puertas del Instituto. En invierno para evitar el frío, se colocaban unas hojas de periódico en el pecho y eso les cortaba en lo posible el gélido cierzo.
Anécdotas positivas propias recuerdo pocas. Hay una que a modo de resumen la dejaré para el final de estos recuerdos. Negativas tampoco recuerdo demasiadas (aunque supongo que tanto de unas como de otras las habría). Dos que me dejaron huella (en lo negativo) estuvieron protagonizadas por el mismo profesor: Don Antonio Sanz, que Dios tenga donde merezca. Este profesor, de genio vivo y en ocasiones violento y que según decían, era muy bueno dibujando, nos tenía a todos amedrentados, al menos a todos aquellos para los que dibujar era un esfuerzo que no se daba demasiado bien. Muy amigo de aquellos que dibujaban bien, pero enemigo acérrimo de los muchos que éramos de la zona media e incluso malos.
A mí en varias ocasiones me rompió los dibujos o me los llenó de rayones (cosa que hacía constantemente con muchos) y una vez, en que producto de los nervios (nervios a los que él inducía a cualquiera), se me cayó un tintero lleno de tinta, me tuvo recogiendo tinta del suelo después de que la clase terminara, todo ello, aderezado con hermosos insultos.
Pero lo que da verdadera idea de su mal carácter fue lo que le hizo a un chico, que era un superclase pero el dibujo no le iba, al que ofreció aprobarle el curso en el que estaba suspendido en dicha asignatura si al siguiente año no aparecía por el Instituto. El chico no volvió más y él cumplió su palabra, lo aprobó (como podéis ver aún tenía alguna cosa buena, cumplía lo que decía).



A lo largo de esos cuatro años fueron muchos los profesores que pasaron por las aulas y me dieron clase, al ya mencionado Antonio Sanz, hay que añadir Don Manuel Izal, profesor de religión, Don Antonio Castillo, Doña Maria Luisa, Don Pedro Fernández, Don Luís Álvarez Dieste, profesor de francés, Don Agustín Zapatel, de física y química, Don Raúl Tejada, de matemáticas, Doña Mª Victoria, también de matemáticas, Don David, de historia y geografía, Don Jesús Palacios, de organografía, Don Fernando Ferreró, de lengua, La “Chiti”, Don Antonino y alguno más que no recuerdo.
Luego estaban los de talleres, Eugenio Casas, de carpintería, Joaquín Ausejo de mecánica, de quien guardo grato recuerdo, y el ya mencionado Don Pedro Fernández que también nos impartía electricidad y que tenía buen talante.
Recuerdo que en las practicas de laboratorio a Zapatel casi siempre le fallaban los experimentos, se le rompían los tubos y las probetas, sin embargo con “Chiti” las cosas iban mucho mejor.


Si hubo una profesora de la que guardo un recuerdo amable, esa es Doña Mª Victoria (familiarmente llamada “La Toya”), porque te animaba (de ella y mía contaré una anécdota al final) y porque era una señora despampanante que te hacía estar pendiente de ella aunque sólo fuese por sus atractivos.
También de los profesores de talleres y de aquellos en que sus clases lo pasaba más o menos bien y estaba a gusto, y todo lo relacionado con Letras, donde podía expansionarme escribiendo, algo, que sin yo saberlo, iba a ser una de mis aficiones futuras.



La verdad es que yo no anduve metido en actividades culturales ni teatrales en aquella época, y en cuanto a excursiones, no digo que no se hicieran, pero no recuerdo ninguna.
Ahora, precisamente ahora, es con el asunto de la poesía y la escritura, cuando más actividades culturales practico, algo que por aquel entonces ninguno de mis condiscípulos imaginaba siquiera de un chico más bien reservado, anodino y un poco torpe, incluso, ¿cómo podían esperar de mí que llegase a escribir poesía?



Del edificio de la Abadía ya he comentado al principio un poco de mis recuerdos y también del nuevo edificio de la Florida. Para nosotros el cambio del uno al otro fue memorable, como pasar del purgatorio al cielo, sobre todo por lo sombrío del primero y lo luminoso del segundo, por el amplio Salón de Actos (hoy reconvertido en cine), el campo de fútbol, la piscina (aunque fuese poco usada) y el campo de prácticas, donde aprendimos de manos del Señor Basilio a usar el tractor, a manejar la azada e incluso a arar. Sobre todo recuerdo la amplitud del edificio en todos sus conceptos.



Bien, dije al principio, que dejaba una anécdota positiva para el final, que resume un poco mi paso por las aulas del Centro y quizá también mi paso por la vida.
Doña Mª Victoria, fue una profesora que todos recordamos, pero además a mí me dejó grabado el recuerdo de dos días especiales.
Todos los días sacaba a un par de alumnos a la pizarra a explicar la lección de la jornada anterior para poner nota. Aquel día, sin esperarlo, pues no había estudiado (las matemáticas no eran mi fuerte, y no lo siguen siendo) me tocó a mí: -“Martínez Martínez, a la pizarra”. Fue un desastre, no me sabía nada. El resultado fue: -“Tiene usted un cero, ándese con ojo porque le volveré a preguntar cualquier día de estos”
Aquello me sonó, no sé porqué, como: -“Voy a volver a preguntarle mañana”. No lo dijo explícitamente, pero yo quise escucharlo así entre líneas.
Así que esa noche empollé matemáticas como un loco. Y al siguiente día: -“Martínez Martínez, a la pizarra”. En esa ocasión, casi sobre aviso por ella misma, le respondí a todo de cabo a rabo. Cuando termino el examen me dijo:- “Martínez, usted va a ser el hombre de los ceros y los “dieces”. Naturalmente, me puso un diez, y aquella nota media me salvo el curso.
Así que hace unos años, en su recuerdo, le dediqué algo para lo que ha resultado que sí tengo una cierta habilidad y que me ha proporcionado algunos “dieces” que promedian con un aprobado alto los ceros con que la vida nos obsequia. Un pequeño poema, un soneto en el que resumo lo que más nos impactaba de ella: su pelo rojo, sus piernas, su belleza. Creo que todos estuvimos un poco “enamorados” de ella. Pero que quede claro, que aunque en los versos no mencione su forma de enseñar, también eso lo recuerdo gratamente.
Con él, cierro estos lejanos recuerdos de mi paso por el Instituto Laboral de Alfaro.



Aquella “Profe” de “Mates”



Desde la bruma gris de la distancia
que envuelve voluptuosa las vivencias,
puedo sentir tu voz y tu fragancia
en un aula de sueños y carencias.

Recuerdo tus cobrizos capilares,
tus formas tan sensuales y modernas,
y el morbo despertando en escolares
el cruce inofensivo de tus piernas.

Tú fuiste, sin querer nunca saberlo,
de aquél profesorado de instituto,
la que mejor captaba nuestra audiencia;

gozando de tu cuerpo, sin tenerlo,
llegaste a ser, platónico absoluto,
nuestro primer amor de adolescencia.



Mario Martínez.

jueves, 6 de mayo de 2010

Raul Tejada Palacios


Soy Raúl Tejada Palacios, nací en Castejón (Navarra) y siento el Instituto de Alfaro como algo propio, ya que en él he vivido todas las facetas por las que puede pasar un profesional de la enseñanza, fui alumno allá por los años 60, después profesor y jefe de estudios, y durante todos estos años le he visto evolucionar, ampliarse, colorearse y avanzar en el aspecto tecnológico.
Puedo hablar de los momentos actuales o bien retroceder en el tiempo y recordar el pasado, creo que me quedaré en este último capítulo y ya habrá ocasión para escribir sobre el presente que entonces será pasado.
La vida estudiantil entonces era alegre, sana, sentíamos muchas ganas de vivir, hacer deporte y también de aprender (no tanto), pero a veces era difícil o muy difícil dependiendo de donde fueras; nosotros, los castejoneros, lo teníamos más fácil que los de La Aldea, que venían en bicicleta, pero más difícil que de los de Alfaro.
Salíamos de Castejón a las 7.25 horas en un tren de los de entonces, con asientos de madera, sin calefacción y en el que algunos días hacíamos un poco de fuego para calentarnos (¡qué peligro!); llegábamos al Instituto a las 7.45 y allí nos esperaba el conserje (Luis Parra), que nos llevaba a un aula en la que toda la calefacción que había era una estufa de petróleo, para hacer un rato de estudio. Frío y mas frío hasta las 8.30, hora en la que salíamos al campo de fútbol La Florida del C.D. Alfaro para poder comer un bocadillo que nos sabía a gloria. A las 9 en punto sonaba el timbre y teníamos que “formar” en las columnas que llevan a la cantina, donde D. Manuel Izal y el profesor de guardia nos hacían rezar unos instantes y a continuación cada uno a su aula, que nuestra energía juvenil caldeaba un poco, para comenzar las clases del día.
Recuerdo, como si fuera hoy mismo, un día en el que se rompió un cristal de la ventana del fondo de mi clase y como mi apellido era el que era… me tocó aguantar durante 4 días todo el frío del exterior (combatido con guantes y pasamontañas…) hasta que de Tudela nos trajeron el dichoso cristal. A veces hay pequeños detalles que jamás se olvidan aunque no tengan, aparentemente, importancia alguna.
Cuando a las 18.25 h. acababan las clases (teníamos clases por las tardes), bajábamos a la estación para coger el tren correo de vuelta a casa, pero había días que traía un retraso de hasta 3 horas y es entonces cuando decidíamos caminar por la banqueta de la vía para llegar a Castejón sobre las 20.00 h, cenar, estudiar un poco, hablar con la familia (no había televisión) y vuelta a empezar al día siguiente a las 7 de la mañana.
La enseñanza que se impartía entonces en Alfaro era la de un Bachiller Laboral, incompleto por la falta de materias de humanidades pero con buena preparación en otras y sobre todo, creo yo, una excelente destreza manual, con los talleres de mecánica, electricidad, carpintería… que personalmente me sirvió para manejarme en la carrera de Químicas.
Guardo un recuerdo cariñoso de los compañeros de clase y en especial, de aquellos con los que en mi vida profesional o deportiva he tenido mayor trato, como Florencio Alonso, Toño Palacios, Fermín Lucas, los hermanos Cárcar ….
A los profesores les recuerdo a todos, Antonio Castillo, Joaquín Ausejo, Antonino Burgos, Antonio Sanz, Eugenio Casas, Pedro Fernández, Concepción Díaz, Emilio Bustamante, D.Manuel Izal, Luis Alvarez Dieste, José Luis Vicente,Jesús Palacios, José Ramón Jiménez, Raúl Tejada, Mª Luisa Martínez, Fernando Ferreró, Basilio Aguirre, Manolo Arpón y de todos ellos me quedo con lo mejor de cada uno y he olvidado lo demás.
A veces vienen a mí cabeza imágenes imborrables, como el famoso tractor, los talleres, los laboratorios, los baños en la piscina y las comidas con los alumnos de la residencia en la cantina, que con tanto esmero y cariño la buena María y su hija Amelia nos servían.
Todos estos recuerdos llenos de emoción se mezclan con los de mi vida actual de profesor y me hacen pensar que me alegro de haber vivido y seguir viviendo en este Centro, que es mi Instituto.
Un abrazo para todos y muchas gracias a Mª José por esta idea.

lunes, 3 de mayo de 2010

Miguel Ángel Ríos Galdamez




Miguel Ángel Ríos Galdamez

Ex - alumno FP II Electricidad

Cursos de escolarización. 
Comencé mis estudios de formación profesional en el año 1990 y terminé en el año 1994, como puedes ver no cuadra en cuatro cursos realizar cinco cursos, pues sí, todo ello gracias a un profesor Fernando Azofra. Yo por entonces procedía de primer curso de BUP, y podía haber pasado a segundo curso de BUP pero no me convencía, por lo que me cambié a FP y con las asignaturas convalidadas de bachiller a FP realicé 1º y 2º de electricidad en el mismo curso.
En el año 1994 emprendí mi marcha universitaria primero por Ingeniería Técnica Eléctrica hasta el año 1997 y desde el año 1998 hasta el 2000 en Ingeniería Industrial.
Tras mi paso por la empresa privada, por la Universidad de la Rioja y los IES de Arnedo y Calahorra en el curso 2008-09 aparezco de nuevo en aquellas aulas donde estudié, pero ahora como docente con gran satisfacción y gozo para mí.
Profesores que te dieron clase en las diferentes asignaturas. 
Aquellos profesores que recuerdo son aquellos que de una forma u otra dejaron una impronta para mí.
Área Practica: Agustín Labarta, Fernando Azofra por lo anteriormente comentado, Toño Marín con los sistemas automáticos. José Ángel me introdujo en el mundo del sonido y la radiofrecuencia, además fue el que aconsejó a mí y a mis padres a continuar estudiando. 
Lengua: Mª José Subirán, Roberto y en 3º curso un profesor que me ayudó a disminuir las numerosas faltas de ortografía de forma totalmente personal.
Física y química: Ana
Dibujo: Alicia
Matemáticas: Pedro Guillorme armado de paciencia con aquellos cazurros.
Educación Física: Mª José Martínez, solamente nos dio clase los cinco años, recuerdo que éramos todo chicos el tiempo que nos dejaba libre después de realizar los circuitos jugaba con nosotros y algún que otro balonazo recibía, algunos accidentales.
Compañeros que recuerdas y ¿por qué?
En clase éramos muchos en 1º y 2º, pocos después de 3º a 5º por lo tanto no son muchas las anécdotas, pero de la que no se me olvida es la de Roberto Almendáriz durante todos los días y todos los cursos se nos dormía a primera hora en clase.
Todavía mantengo el contacto después de 15 años con Miguel Ángel Arévalo, un chico de Igea de estos noblotes, de buena pasta, de estos “de pueblo”, de los que ya no quedan. Íbamos a las fiestas de los respectivos pueblos, luego nos invitamos a las bodas, a los nacimientos de los hijos etc.
Actividades
- Realizamos una excursión a la Muela, el primer parque eólico cuando estaban los aerogeneradores en prueba, aquello que sólo existía en Tarifa en condiciones muy especiales para producir electricidad.
- Visita a una exposición de material eléctrico en Bilbao detrás del estadio de San Mames, con tiempo libre por la tarde para visitar Bilbao.
- Instalación de una emisora de radio aficionado con José Ángel, lo que nos permitía ponernos en contacto con otros radioaficionados de España y Europa, a través de códigos internacionales. Posteriormente me preparé mi propio equipo con su ayuda.
- Una de las experiencias que aún hoy en día recuerdas con algún compañero son los preparativos y organización del viaje de estudios, fiestas en los bares, conciertos, camisetas, lotería, desfiles etc. Con la madurez del paso de los años 18 -19 sabías que había que buscarse la vida para aminorar el coste del viaje, y así fue, el viaje a Tenerife nos salio prácticamente gratis.
Las prácticas en empresa eran voluntarias, educación daba una cantidad de dinero a las empresas, las cuales devolvían a los alumnos con alguna propina, lo que te permitía asegurarte unas buenas vacaciones en Tenerife, con la fuerza de la juventud sana y el dinerito fresco en el bolsillo era la combinación perfecta para pasar 14 días intensos e inolvidables. No parabas ni un minuto de realizar visitas turísticas por la mañana y festivas por la noche.
Recuerdo con Ochoa, Almendariz, Oradre y un servidor alquilando un coche y disfrutando de forma intensa. Todos los días íbamos a un pueblecito de pescadores, donde nos servían estupendos vermuts antes de comer y cenar al atardecer, económicos pues no estaba explotado turisticamente.

De tus experiencias en el centro 
El respeto, el acercamiento y la confianza mutua que existía entre los profesores y los alumnos, el interés de los alumnos por aprender.
La autonomía que adquiría el alumno conforme maduraba y pasaba de curso, todos sabíamos cual era nuestro objetivo, el compañerismo y el trabajo en equipo.
Que recuerdas del edificio
Del centro recuerdo los talleres de electricidad y mecánica que con la aparición de la ESO fueron remodelados.
Un espacio oscuro que existía en hall siempre estaba cerrado, por lo que nunca supimos lo que allí había, con el paso de los años se transformo en una curiosa biblioteca.
El color amarillo crema monótono que cubría todos los pasillos y aulas en las que no se sabía donde finalizaba una y comenzaba el otro, el cual fue sustituido por colores chillones y llamativos.
Los pabellones deportivos donde jugábamos y disfrutábamos como locos, para refrescarnos en la cantina.
Existía un campo de tierra enfrente del gimnasio y con el buen tiempo Mª José nos dejaba salir un ratillo a jugar al fútbol, ahora ha sido sustituido por un elegante jardín.
Los invernaderos de los agrícolas, sustituidos por el pabellón.
Recuerdo también los laboratorios de química donde “el Sebas”, nos dejaba atónitos y con la boca abierta con alguno de sus inventos o sus reacciones químicas.
Conclusión
Aquellos maravillosos años ya no volverán, pero reflexionando y viendo desde el año 2000 hasta 2009 y realizando una comparativa, los chicos de entonces éramos más noblotes, el profesor te tenía que decir las cosas sólo una vez, había respeto a compañeros, profesores etc.
Bueno que parezco al abuelo cebolleta, no sé si es exactamente esto lo que querías,
Espero y deseo que te sirva de algo.

lunes, 26 de abril de 2010

Manolo Lucero Sola


María-José: Te envío el texto completo.

¿Dices tu de Instituto? Lo mío si que fue un buen Instituto.
Recuerdo que me matriculé en el Instituto en el último momento, habíamos hecho la matrícula para cursar Administrativo en Formación Profesional, otro compañero y yo, que pese a haber obtenido el Graduado Escolar, nos atraía mucho eso de las máquinas de escribir. A última hora anulamos la matrícula de F.P. y nos matriculamos en el Instituto para hacer el B.U.P.. Veníamos de "las nacionales", de donde muy pocos estudiantes varones seguían estudiando, de hecho solamente tres fuimos los únicos chicos que comenzamos el Bachiller en Alfaro, chicas sin embargo había más. Era el verano de 1977.
Ya había desaparecido la obligación de llevar la obligación de llevar uniforme en el centro, pero todavía eran muchos los alumnos de los cursos superiores que continuaban llevándolo, seguramente por amortizar la inversión familiar.
Aquel curso, el de 1º, fue muy numeroso, estábamos cuatro clases completas haciendo 1º, eramos fruto del "baby boom".
Fue todo un descubrimiento para mí, un chaval muy de mi barrio, ir a clase con compañeros que venían de otras localidades (Castejón, Corella, Cintruénigo, Rincón de Soto, Aldeanueva de Ebro, Grávalos, Cornago) y también con aquellos que estaban en colegios religiosos (las internas del Colegio Amor Misericordioso y los de los Hermanos Combonianos de Corella).
Todos mis amigos de cuadrilla y de barrio andaban por otros sitios, unos se incorporaban con sus catorce añitos al mundo laboral, otros cursaban F.P., algunos otros se marcharon a estudiar fuera de Alfaro.
La situación me obligó a hacer nuevos amigos con aquellos chicos y chicas con los que compartía clase y recreo.
Nos había fascinado en la presentación del centro el Salón de Actos y sobre todo el Aula de Idiomas, con sus cabinas, sus auriculares y sus casettes (algo desconocido por entonces). Recuerdo que solamente nos llevaron allí una sola vez, lo debían de tener para enseñarlo y poco más.
Aquél pasillo de techo bajo, las puertas de las clases con sus ventanas circulares y las butacas de skay rojo del salón de actos comenzaron a hacerse familiares para todos los novatos.
Nos hicieron comprar un chandall para educación física color azul chillón, de espuma, muy de la época.
Llegamos al Instituto y por entonces creo recordar que el Director era D. Pedro Fernández Andues.
Existía una piscina en el exterior del centro, que jamas vimos con agua. En una de las gradas que rodeaban la piscina alguién pintó con pintura amarilla "Queremos un Director Catedrático, no un Veterinario". No entendíamos entonces qué significaba.
Recuerdo algunos profesores que tuve en primer curso: Julia Navas, Antonio Sanz, Pilar Santamaría, Marícarmen Bozal, Raúl Tejada jr., José-Mª Galdámez, Manuel Izal, Petra y Conchita Fernández.
Raúl Tejada jr. nos dió, de rebote, alguna clase de música, en la que recuerdo nos trajo un casette con canciones de Labordeta que escuchamos en clase. Que valiente para aquel entonces.
Eran los albores de nuestra democracia, la época de las primeras elecciones, y todos llevábamos las carpetas inundadas de pegatinas de los distintos partidos políticos. Quien más, quien menos, ya comenzaba a tomar posiciones en temas políticos.
Un día a la semana se celebraba misa en la capilla a la hora del recreo, si bien eran muy pocos los que acudían.
El curso se iniciaba habitualmente con la celebración de una misa en la Iglesia del Burgo, a la que asistiamos la mayoría de los alumnos. Recuerdo haber sido monaguillo, junto con Carmelo Martínez Escudero, en una de aquellas celebraciones.
Cuando comenzó el curso siguiente, año 1978, el Instituto celebró su 25 aniversario y para aquel evento se celebró incluso una capea de vaquillas en la finca de La Laguna para profesores y alumnos. Recuerdo haber acudido a una charla en el Salón de Actos impartida por Don Alvaro D'Ors, hijo de Don Eugenio D'Ors, prestigioso catedrático universitario. Nos regalaron una pegatina circular conmemorativa del aniversario.
En segundo curso tuve como profesores a María-Luisa Martínez y a Raúl Tejada padre, dos verdaderas instituciones en el Instituto, y también a algunos profesores a los que por entonces se les llamaba "penenes" (profesores no numerarios). Tuvimos el primer contacto con el latín, donde los alumnos de combonianos tenían ventaja, pues sus tutores religiosos dominaban dicha lengua.
Toda una institución lo eran también las mujeres de la limpieza del centro: la Margarita, la María-Luisa, siempre simpáticas, aparecían a última hora de clase para comenzar a limpiar las aulas, animándonos a seguir estudiando para que no termináramos como ellas, con el escobón en la mano.
Sobre la mesa del profesor estaba la hoja o parte de incidencias, que se iba completando diariamente y servía para control del alumnado. Aparecer en ella era altamente peligroso por las consecuencias familiares posteriores. Algún alumno llegaba incluso a hacerla desaparecer a última hora de la tarde, para asombro de propios y extraños.
Aquel curso nos impartió dibujo técnico Fernando Martínez Balmaseda, ingeniero agrónomo alfareño, que nos enseñó todas las perspectivas posibles.
Como notas tristes recuerdo el día en que el hijo de la profesora María-Luisa Martínez, Javier, sufrió una crisis en el Centro, tras la que falleció. Fue muy triste para todos. En otra ocasión fue la madre de una compañera la que falleció y nos fuimos todos al funeral a Fuentestrún (Soria) en autobus.
En el verano de segundo de B.U.P. participé en el intercambio con alumnos franceses que realizaba el instituto. Fuimos a Brantôme (Dordogne), lo pasamos genial. Estuvimos unos quince días por allí. La profesora de español de los franceses se llamaba Madame Thomas. Aquel año, 1979, se celebraba en Brantôme, una fiesta especial "La felibrée". Posteriormente fueron los franceses los que vinieron a España. He vuelto en varias ocasiones a ese pueblecito y me ha parecido un lugar ideal. Salimos de España y descubrimos una sociedad más rica, más liberal, tan distinta de nuestro pueblo, que nos fascinó a todos, excepto en la comida, donde desgraciadamente les sacábamos mucha diferencia. Por parte de nuestro Instituto el responsable del intercambio era D. Antonino Burgos, quien hacia de cicerone en las diversas excursiones que realizamos durante la estancia de nuestros "correspondientes" por España. Les llevabamos a La Plana y al Cementerio de Alfaro e hicimos una excursión a Burgos, Covarrubias y la Cartuja de Miraflores, en la que nos lo pasamos bomba.
Otros profesores que tuve fueron Cecilio Calatayud y Alfonso Urrea, de religión.
Cuando cursaba segundo recuerdo que en religión andaba continuamente cuestionando todo lo que Cecilio nos decía en clase, hasta que un día me cogió por banda y me dijo: estás aprobado, hazme el favor y no vengas más por clase, que me la revientas todos los días.
Teníamos por entonces una profesora de lengua que venía de Zaragoza, Pilar Bescós, una señora de mediana edad, con un acento especial y una bonita melena negra.
Raúl Tejada jr. nos convenció a un grupo de alumnos para que fuesemos los sábados por la mañana a los laboratorios de química y disfrutáramos de aprender ciencia de forma voluntaria, nos hizo sentirnos jóvenes científicos. Todavía recuerdo algún susto que nos dió la centrifugadora manual cuando soltaba los tubos de ensayo a una velocidad de vértigo. Consiguió que viéramos la química con otros ojos.
Como nota extraescolar, la de discotecas que se organizaban por todos los pueblos de la comarca con ocasión de los viajes de estudios de los de tercero, teníamos incluso servicio de autobuses para ir y volver.
Tercero de B.U.P. fue un curso que me encantó, tanto que decidí hacerlo dos veces.
En la primera ocasión el entonces equipo director del Centro acordó segregar los chicos de las chicas y nos metió a treinta batusis en una clase en la que las profesoras terminaron por tener más que respeto a entrar. Se celebraban partidos de pelota dentro del aula entre clase y clase y a alguno que otro nos sirvió para descentrarnos de los estudios más de lo debido.
Teníamos una profesora de francés que era de Logroño, creo recordar que se llamaba Marimar o María-José, y que nos descubrió la música de la nueva troba cubana. Y el profesor de filosofía era un señor menudo llamado Don Melchor, que a mí me recordaba al Manuel de Falla de los billetes de cien pesetas.
El viaje de estudios lo hicimos a Palma de Mallorca, acompañándonos como profesor Alberto Palacios, maravilloso profesor de historia, que compartía piso con Fernando Ferreró. Visitamos toda la isla y recuerdo que Alberto cantaba la canción de "se equivocó la paloma", que a nosotros nos parecía tan antigua como las glaciaciones.
La dirección del centro rectificó y al curso siguiente volvió a mezclar a chicos y chicas en tercero.
Ese curso nos lanzamos a hacer teatro de la mano de Manuel Cojo. Representamos la obra "Los árboles mueren de pie" de Alejandro Casona. Yo interpreté el papel de un padre anciano, el Sr. Balboa. Ensayábamos en los recreos y al final hicimos varias representaciones por Alfaro, Corella y Aldeanueva de Ebro. Todo un éxito de crítica y público.
Durante un tiempo se confeccionaba una revista en el centro, en la que recuerdo participé con un artítulo a favor de la Ley del divorcio, que se aprobaría en el año 1981. Algunos de los que participamos en la revista creímos ver manos siniestras tras los suspensos cosechados en alguna asignatura.
Fiel reflejo de la sociedad española de aquellos años, el Instituto era una contínua protesta, numerosas huelgas por múltiples motivos, algunos ajenos o de lo más peregrinos. En una ocasión protestamos por una pared que habían comenzado a construir en el hall del centro para separar bachillerato de formación profesional. Conseguimos que se paralizara la obra y el muro quedase en murete, al que posteriormente colocaron una madera en la parte superior para uso y disfrute de todos.
Recuerdo los trabajos de dibujo técnico con tinta china y como los carísimos "rotrings" estuvieron inicialmente prohibidos.
Pedro Fernández, como profesor de dibujo, nos hizo dibujar una estufa de gas butano de todas las perspectivas posibles.
Por aquellos años la cantina la regentaban un par de señoras de Corella, y los bocadillos de tortilla eran todo un manjar.
Liño Uruñuela nos hizo disfrutar con la filosofia. Iñaki nos hizo sufrir con las matemáticas, pero era un tío tan majo que amenizaba los ratos con su guitarra y nos invitaba a café en su casa, que se lo perdonamos. Le recuerdo cantando la canción "que se mueran los feos". Eran profesores jóvenes que vinieron a dar otro aire al Instituto que habíamos conocido años atrás.
Tuvimos un profesor de química que era canario, con un andar peculiar, al que llamábamos "el engaña baldosas" pues ponía el pie donde menos lo esperabas.
Por aquellos años preparamos un equipo de baloncesto en el centro, al que entrenaba el fallecido Carrascosa, y durante uno de los entrenamientos, en febrero de 1981, nos enteramos del intento del golpe de estado de Tejero. Solíamos enfrentarnos al equipo de baloncesto de la Escuela de Conservería Vegetal a la que comunmente llamábamos "la colomina", que era el nombre de la empresa que había construido su escuela.
Recuerdo que la profesora Chiti expuso en la sala de Crepúsculo Club su amplia y bonita colección de botijos.
En los exámenes algunos profesores nos dejaban incluso fumar en clase, esta claro que corrían otros tiempos.
Posteriormente conocí a Antonio García, profesor de lengua y literatura, maravilloso profesor y persona.
Ciertamente fueron unos años maravillosos, donde hicimos multitud de buenos amigos, que seguimos conservando en la actualidad y con los que seguimos compartiendo aquellos años en común.

Manuel Lucero Sola.

José Antonio Navajas Lestau










A LA ATENCION DE Mª JOSE MARTINEZ LANDA.


VIVENCIAS EN EL “GONZALO DE BERCEO” DE ALFARO.



Como te he comentado, sobre mis vivencias en el Instituto Laboral “Gonzalo de Berceo”, solo curse (valga la redundancia) un solo curso, TERCERO, debido a circunstancias, por las cuales la vida, sin querer te va llevando. Pero aun así guardo muy buenos recuerdos de esos inolvidables días de instituto.
Tuve un cuadro de profesores, yo creo que de “ELITE”, y digo elite, pues fueron personas, que verdaderamente su pasión fue, que nosotros aun críos, pero que nos considerábamos no ya jóvenes, sino hombres, saliésemos lo mejor preparados posible, para enfrentarnos a la vida. Unos directamente, sin la suerte de cursar estudios universitarios, y otros sentando la base para sus peritajes o carreras universitarias.

Recuerdo a D. José María Diaz, profesor de lengua y director del Instituto, amable y cariñoso, no llegue a conocerle muy bien, pues la fatalidad quiso que ese curso nos dejase para siempre.
A D. Antonino Burgos, profesor de Historia, que me brindo la única matricula de honor, que me han concedido en mi vida. Su forma de estudio fue verdaderamente novedosa para mi, ya que cada cuatro o cinco lecciones, nos hacia examen, y no había otra forma que estudiarlas, si querías llevar bien la asignatura.
D.Antonio Garcia Orús. De Física y Química. Para mí, buen maestro, valga Dios. Y real tambien esta anécdota. Normal para las letras, pero duro de roer para los números, en uno de los exámenes de Química (formulación), me merecí un CERO, y así fue, pero en la clase que siguió a dicho examen, recuerdo, me saco a la pizarra, y cuando volví a sentarme, sabia al dedillo sumar y restar valencias, o sea formular de primera. Acabe el curso con notable alto, o, sobresaliente, a pesar de ese cero. Muchos años más tarde , me lo encontré en Logroño, el no me conocío, pero al decirle mi nombre y de Alfaro, nos abrazamos, y yo creo que a ambos se nos saltaron las lágrimas, tal vez recordando esos ya lejanos, pero felices años.
D. Emilio Bustamante, profesor de Formación Nacional. Hombre bonachón, que nos implanto valores , que hoy en día, tal vez haría falta, que nuestras generaciones jóvenes conocieran y tal vez valoraran.
D. Jesús Palacios. Profesor de Organografía, amable y cariñoso, pero que nos hizo aprender de memoria las clasificación de las plantas, aun hoy recuerdo en parte, y que bien me viene para mi hobby (fotografía de la naturaleza).
D. Luis Alvarez Dieste, buen profesor de francés. Aun lo veo alguna vez por Fitero.
D.Pedro Fernandez Andues. D.Eugenio Casas y D. Joaquín Ausejo. Profesores de Tecnología (Electricidad, carpintería y mecánica, respectivamente).Que bien creo, que a todos, nos han venido en la vida cotidiana, sus enseñanzas
D- Antonio Castillo de Agricultura, y d. Basilio Aguirre, hecho de la paciencia del santo Job, enseñándonos a todos a conducir, en aquel famoso tractor Deuz.
D.Agustín Zapatel. Buen hombre, creo que nos daba algo relacionado con Agricultura. Anécdota que aun recuerdo. En el periódico o mural que se editaba y lo colocábamos en la pared de entrada a las aulas. Se veía a D. Agustín en clase , medio mirando a la calle a través del balcón. Por la acera de enfrente, una rubia, guapa y vistosa moza, de abrigo verde. El la señalaba, con el puntero y dirigiéndose a nosotros, nos decía “ ESO SEÑORES, ES UN CONJUNTO ORDENADO DE MOLECULAS”
D- Raul Tejada. Buen profesor de esas para mí, duras Matemáticas.
D. Antonio Sanz Gallego. Duro, pero efectivo profesor de Dibujo.
D. Manuel Izal. Sacerdote, profesor de Religión.
D. Enrique Juez. Médico, hombre coloquial y amable, no recuerdo en este momento que asignatura impartía, pero recuerdo, nos contaba unas anécdotas, interesantísimas.
Creo que este fue mi cuadro de profesores, en mi corta vida en el Instituto laboral “Gonzalo de Berceo” de Alfaro.

En secretaría, recuerdo a Manolo Arpón, buen amigo de mi hermano Manolo, y a Luis Parra y al Sr. Eliodoro, mandándonos silencio por esos largos y oscuros pasillo de la Abadía, y encendiéndonos las estufas de leña en las aulas, única calefacción de aquellos tiempos.

Fue memorable, nuestros viaje de fin de curso, a Tudela (Navarra).Profesores acompañantes, D. Antonio Burgos y D. Jesús Palacios. Fuimos en tren, por la mañana visitamos la catedral, comimos en una taberna, el bocadillo que nuestras madres nos habían preparado, aun hoy siempre que paso por ese lugar, lo recuerdo.
Por la tarde, visita a la parada, anécdota tambíen de no olvidar, pues cuando sacaban los caballos al patio para que los pudiésemos contemplar y D. Jesús, darnos las consiguiente explicaciones sobre los equinos. El susodicho patio, era donde cubrían. Excitados ellos, menudo espectáculo nos brindaron. Cosa de críos, pero tuvimos tema para reírnos, durante unos días.

Compañeros de curso, unos cuantos de Alfaro, Corella, Aldeanueva, y Fitero.
De Alfaro, José Ramón Nevot.
Carlos Jimenez.
José Miguel Palacios.
José del Barrio.
De Corella, Ignacio (el Mangoli), el Negrillo, y Jesús Jimenez Ruiz, o, Ruiz Jimenez. (el Macharo).
De Aldeanueva de Ebro, Salvador Cascán.
De Fitero, Tomás Maza
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El Instituto, aun estaba ubicado en la Abadía. Amplias escaleras, comunicaban la planta baja, donde estaban ubicados los talleres, con la primera donde estaban, aulas, oficinas y sala de profesores. Recuerdo unos largos y oscuros pasillos, pero las aulas, bien iluminadas. El campo de prácticas, recuerdo estaba ubicado en parte de lo que hoy es Instituto. Gimnasio, el patio de la abadía y creo que aun no se contaba con cantina, biblioteca, capilla ni sala de actos. Todos los tiempos de empiece son duros, y más, aquellos años sesenta.

Y estos son mis ya lejanos, pero reales y muy concretos recuerdos de ese año de Instituto, en el “Gonzalo de Berceo” de Alfaro.

Un recuerdo para todos aquellos que hicieron posible para Alfaro, este centro de estudios, porque son muchas ya, las generaciones que gracias a ellos, nos hemos labrado un porvenir más provechoso que seguro sin el, no hubiésemos tenido.

“GRACIAS “


Firmado José Antonio Navajas Lestau.